La fórmula mágica de la diversificación en la inversión

25 Jun

A mediados de los años sesenta del pasado siglo un joven economista norteamericano, Harry Markowitz, diseñó una estrategia de inversión que treinta años después, en 1990, le valió ganar un premio Nobel de economía y encumbrarse como uno de los especialistas financieros más importantes de la historia moderna.

Era la Teoría moderna del portafolio, que desde entonces ha guiado gran parte de los procesos inversionistas de grandes corporaciones, fondos internacionales y economías privadas. A grandes rasgos, Markowitz habla de cómo diversificar la cartera de inversión de tal manera que se cumpla un precepto básico en finanzas: maximizar la rentabilidad, minimizando el riesgo.

El resumen básico de su teoría podría basarse en un refrán muy español, el de no tener todos los huevos en la misma cesta.

Desde su punto de vista, acorde a las características del inversor, hay que tener en cuenta el retorno que se espera a largo plazo, así como la volatilidad en el corto plazo, teniendo en cuenta que Markowitz valora ésta como un factor de riesgo: desde su punto de vista no es lo mismo invertir en un depósito a plazo fijo, sin volatilidad, que comprar un paquete de acciones negociadas en el mercado secundario y, por tanto, supeditadas a una cotización.

Cada vez es más fácil lograr este equilibrio, sobre todo por el empoderamiento que han otorgado a los traders y los brokers online, como 1000Extra.

cartera-inversionImagen: pexels

¿Cómo escoger mi cartera de inversión?

Una vez que somos conscientes de que hay que tener nuestros ahorros repartidos, hay que tomar la decisión de cómo. Para ello hay que calibrar una serie de atributos importantes a la hora de invertir: qué riesgo estamos dispuestos a asumir, en qué plazos y qué rentabilidad mínima esperamos.

Markowitz aboga por dar a cada producto un porcentaje de peso dentro de la cesta de productos, de tal manera que termine saliéndonos una rentabilidad media: podremos tener productos muy rentables, con crecimientos anuales superiores a los dos dígitos, pero muy expuestos a caídas, que combinados con otros productos más sencillos y menos volátiles, nos terminen aportando, a 31 de diciembre, una rentabilidad total muy cercana a la que esperábamos.

Esto permitirá que combinemos productos como el mercado bursátil, el de opciones y futuros, el forex o las criptomonedas, con otros más sencillos de entender y operar, que nos aseguren que, pese a la volatilidad de los primeros, terminemos ganando dinero a la hora de rendir cuentas.

No solo es definir la cartera, también hay que leer

Además de la definición de la cartera, otro punto muy importante será el nivel de formación con que contemos, así como el tiempo que dediquemos a analizar tanto nuestra propia cartera, como la evolución de los mercados.

De nada sirve que diseñemos una cesta de productos que cumpla estrictamente nuestros patrones, si dos meses después no la hemos vuelto a revisar: obligación de cada inversor es preocuparse por estudiar los mercados, analizar la información micro y macro de cada país, así como la evolución de cada sector empresarial en el que tengamos depositado dinero.

Para ello, hay que leer foros, blogs y revistas especializadas antes de tomar cualquier decisión de envergadura.

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